viernes, 9 de abril de 2021

II Domingo de Pascua, Año B

«¡La paz esté con ustedes!»

Evangelio según san Juan     20, 19-31

 

¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya! La fiesta de la victoria de Jesús, su resurrección, ha llenado nuestra vida y la Iglesia de luz que ilumina las tinieblas y resucita a una vida nueva a todos los que estaban en la sombra de la muerte.  Ya llegamos a la conclusión de los ocho días donde el Resucitado aparece y se manifiesta a sus discípulos tratando de convencerlos que él está vivo y presente entre ellos.

En este 2° domingo de Pascua, llamado por la Iglesia día de la divina misericordia, el evangelista Juan conecta el “atardecer del primer día de la semana” con “ocho día más tarde”, dos experiencias de encuentro de los discípulos con el Cristo resucitado, acontecidas en el día domingo.

Al atardecer del primer día de la semana..


La comunidad de los discípulos se encontraba con las “puertas cerradas” viviendo una experiencia de miedo, fragilidad, fracaso, desánimo y falta de esperanza por haber traicionado y perdido para siempre al Maestro.

“Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos les dijo: «La paz esté con ustedes!» Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor” (Jn 2,20-21)

Quiero evidenciar los cuatro detalles que son tan evidentes en este encuentro. Primero, que Jesús se pone en medio, él está en el centro de la comunidad como Maestro, como el manantial de gracia. De inmediato les regala su don: la paz, que no es solo un saludo sino algo concreto que llena a los presentes. Tercero: les muestra sus llagas; desde sus manos y costado heridos lo reconocen, casi sugiriendo que es imposible reconocerlo de otra manera que por “haber amado a los suyos … y los amó hasta el fin” (Jn13,1). Y, por último, la plenitud de alegría que experimentan los discípulos, al ver al Señor, el paso del miedo al gozo del encuentro con el que estaba muerto y ahora vive.

El apóstol Tomás se había alejado de la comunidad, el Mellizo que podríamos considerar como  hermano nuestro, lleno de dudas y preguntas, que nos representa en muchos periodos de nuestra vida: se aleja, tal vez escandalizado, cansado, etc., pero vuelve a la comunidad y allí, solo allí, encuentra al Señor Resucitado, lo reconoce: “Señor mío y Dios mío” y cree en Él. Y Jesús le dice: «¡Felices los que creen sin haber visto!». Es la felicidad de todo discípulo que no necesita ver físicamente para creer, convencido de que Jesús está vivo!!!

"LLegó Jesús y poniéndose en medio de ellos"


«¡La paz esté con ustedes!» (Jn 20,20) es el regalo que Jesús vuelve a repetir en su encuentro con los discípulos de ayer y de hoy. Por San Francisco, el hombre de paz, este saludo se volvió una misión, una vocación: vivir y anunciar a todo el mundo la paz de Cristo. 

Él invita a sus hermanos: «En toda predicación que hacía, antes de proponer la palabra de Dios a los presentes, les deseaba la paz, diciéndoles: "¡El Señor les dé la paz!" (1Cel 23)

Les recomienda que, cuando vayan por el mundo, en particular, cuando entren en alguna casa, digan: «¡Paz a esta casa!» (1R 14,2; 2R 3,13). Y en su Testamento  escribe: «El Señor me reveló qué debiera decir al saludar: El Señor te dé la paz" (Test 23)».

La fe es una experiencia de encuentro con Cristo resucitado, presente en la comunidad. ¿Estoy dispuesto como Tomás a volver, estar y reconocerlo?

La paz y las llagas de Jesús son fuente de alegría para los discípulos. ¿Qué sentimientos y desafíos me provocan los dones del Resucitado?

 

Un feliz domingo de la misericordia, “paz y bien” para todos.

 

Fray Augustín BUDAU OFMConv.

sábado, 3 de abril de 2021

El sentido de la FE en la RESURRECCIÓN.

¡Aleluya. Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado,

Celebremos, entonces, nuestra Pascua. Aleluya!

Evangelio según San Juan 20, 1-9

 

En el texto evangélico  de este domingo de Pascua de Resurrección el evangelista Juan, por medio de la visita de los discípulos al sepulcro vacío y de la aparición a María Magdalena, trata de comunicar a los lectores de su evangelio el sentido de la fe en la resurrección. Para el cuarto evangelista la resurrección de Jesús es el momento decisivo del proceso de su glorificación que pasa a través de la pasión y muerte, y Juan no la describe con las formas espectaculares de los otros tres evangelios, para él la vida del Resucitado es una realidad que se impone sin ruido y se realiza en silencio, en la potencia discreta e irresistible del Espíritu. Jesús es el gran protagonista de la narración, pero no aparece ya como persona.

"Todavía no habían comprendido que, según la Escritura,
Él debía resucitar de entre los muertos!"

El hecho de la fe cristiana acontece el primer día de la semana, que en adelante se llamará  el Día del Señor o domingo, se anuncia cuando todavía estaba oscuro y la primera destinataria es María Magdalena, la mujer que tuvo el valor de quedarse con Jesús hasta la hora de su muerte en la cruz. María viendo que la puerta del sepulcro había sido sacada va a buscar a Pedro a la casa que era el punto de apoyo de los apóstoles, y él junto al Discípulo Amado, que la tradición identifica con Juan, corren hacia al sepulcro.

Aquí el evangelio nos comunica algo extraño: el discípulo amado corría más rápido que Pedro y llegó primero al sepulcro, vio las vendas en el suelo, pero no entró, parece que quiere dar prioridad al testimonio de Pedro que llegando miró adentro, vio las vendas en el suelo y el sudario enrollado en otro lugar a parte. Luego entró también el discípulo amado, vio lo mismo de Pedro, pero el evangelio solo de él dice que vio y creyó mientras no nos dice nada de la reacción de Pedro que por primero había entrado en el sepulcro, y casi a justificar esto el texto del evangelio termina con la frase Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, Él debía resucitar de entre los muertos”.


Pareciera que en esta mañana de Pascua en nuestro mundo todo sigue igual… Sin embargo en la fe celebramos el acontecimiento más novedoso y transformante de toda la historia: Jesús, el Crucificado, ha resucitado; es el vencedor del pecado y de la muerte, Vencedor de todo lo que destruye la vida de los hombres. ¡Es el Señor de toda la creación! Y no nos dejemos engañar por las apariencias de que todo sigue igual, y ahora parecería aún peor con esta pandemia,  porque en la resurrección de Jesús toda la creación queda abierta a su destino de plenitud en Dios. Plenitud que ya está actuando en nuestro mundo pues, come dice el apóstol Pablo en la segunda lectura de hoy, hermanos, ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo.

La búsqueda diaria de estos bienes haga sí que nuestra vida de discípulos pueda ser un anuncio gozoso y agradecido de las maravillas de Dios en este mundo tan herido y necesitado de esperanza.

 

Fray Fabio MAZZINI OFMConv.

II Domingo de Pascua, Año B

«¡La paz esté con ustedes!» Evangelio según san Juan      20, 19-31   ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya! La fiesta de la victoria de Je...