viernes, 19 de febrero de 2021

I° Domingo de Cuaresma: ¡Ha llegado el momento¡

Evangelio Según San Marcos 1, 12 - 15.        

El miércoles pasado, con la imposición de la ceniza, comenzó la Cuaresma y, en el primer domingo de este tiempo fuerte, el evangelista Marcos nos dice que el Espíritu, después del bautismo en el Jordán, llevó a Jesús en el desierto donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás.

"El Espíritu llevó a Jesús al desierto"


            Más que una descripción fotográfica de acontecimientos concretos, se trata de una catequesis, cargada de símbolos. El desierto es el lugar privilegiado del encuentro con Dios pero también el lugar de la “prueba”. Es al desierto a donde va Jesús y, por tanto, el “lugar” del encuentro con Dios y es el “lugar” de la prueba.

         En ese “desierto”, Jesús se quedó “cuarenta días”. El número “cuarenta” recuerda los cuarenta años que el pueblo de Israel permaneció en el desierto antes de entrar a la tierra prometida. Con eso el evangelista quiere mostrarnos que toda la vida de Jesús fue un caminar en el desierto y que fue tentado muchas veces hasta el momento de su muerte.

           En el desierto Jesús se enfrentó a la tentación de abandonar el proyecto de Dios y de seguir otros caminos. Hay dos caminos, dos propuestas de vida: o vivir en la fidelidad a los proyectos del Padre, haciendo de su vida una entrega de amor, o frustrar los planes de Dios, dirigiéndose por un camino mesiánico de poder y de ambición, a imagen de los grandes de este mundo.

Jesús eligió vivir en la obediencia a la propuesta del Padre.

            En la segunda parte del Evangelio, Marcos nos transporta a Galilea donde Jesús comienza anunciando que “ha llegado el tiempo”. Es el “tiempo” del “Reino de Dios”. La expresión “Reino de Dios” resume la esperanza de Israel en un mundo nuevo, de paz y de abundancia, preparado por Dios para su Pueblo. Jesús comienza, precisamente, la construcción de ese “Reino” pidiendo a sus contemporáneos la conversión y que crean en la Buena Noticia, que crean en Él.

            Convertirse” significa transformar la mentalidad y los comportamientos, asumir una nueva actitud de base, reformular los valores que orientan la propia vida. Es reordenar la vida, de modo que Dios pase a estar en el centro de la existencia. En la perspectiva de Jesús, no es posible que ese mundo nuevo de amor y de paz se haga realidad sin que el hombre renuncie al egoísmo, al orgullo, a la autosuficiencia y pase a escuchar, de nuevo, a Dios. “Creer” no es, solamente, aceptar un conjunto de verdades intelectuales; sino que es, sobre todo, adherirse a la persona de Jesús, escuchar su propuesta, acogerla en el corazón, hacer de ella la guía de la propia vida.

¡Ha llegado el momento!

            Frente a la propuesta de Jesús que nos dice: “Ha llegado el momento”, por lo general, siempre esperamos después: “… después lo haré… en cuanto se solucione este problema entonces será más fácil”. En cambio, la primera palabra de Jesús es: el tiempo se ha cumplido. Es decir: este es el momento para decidirse por Él… ¡de manera seria y definitiva!

            No es que nosotros no seamos cristianos. Lo somos desde mucho tiempo…pero en nuestra vida hay muchas cosas que cristianas no son... ¿Qué quiere decir? Que ser cristiano es también un camino donde, en la medida que la relación con Jesús es profunda, voy entendiendo los cambios que necesito dar. ¡Y aquí nace la tentación! Seremos tentados sólo si hemos decidido, en el profundo de nuestro corazón, ser cristianos, pertenecer al Señor, hacer su voluntad. De lo contrario no vamos a ser tentado porque Satanás no tienta a quien ya le pertenece.

            Por eso en la cuaresma se habla de lucha, de conversión: porque renunciar al mal (egoísmo, hipocresía, soberbia, falsedad, adulterio, etc.) es emprender una lucha que nos llevará, en la Pascua de resurrección, a decirle “no” a Satanás y “si” a Señor.


A todos y a todas… ¡buen camino!

 

Fray  Maurizio BRIDIO, OFMConv.

 

martes, 16 de febrero de 2021

Cuaresma: el tiempo para Creer, Esperar y Amar.

El papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma 2021 nos dice que “cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar”. Por eso como cristianos recibido un “llamado a vivir la Cuaresma como un camino de conversión y oración”.
¿Cómo podamos vivir bien el camino cuaresmal? Primero la cuaresma puede ser un tiempo por renovar nuestra fe, como dice papa Francisco “saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibido con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. (…) El ayuno, la oración y la limosna (cf. Mt 6, 1-18) son las condiciones y la expresión de nuestra conversión”. Papa Francisco nos invita a “dejarse alcanzar por la palabra de Dios” y nos recuerda que “el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo. (…) La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada en nosotros” (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones - verdadera o falsa - y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador. Al comienzo de este tiempo es bueno preguntarnos: ¿hay algo de que puedo liberarme en este tiempo? ¿Algo que me impide de amar mas o que me hace perder mucho tiempo?
En fin papa Francisco nos invita a llenar nuestra vida de esperanza y caridad. “A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser “una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar exención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia” (FT 224). En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura”. La caridad es una otra dimensión fundamental para nuestro camino de conversión: “lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1Re 17,7-16). (…) Así sucede con nuestra limones, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez”. ¡Comencemos nuestro camino cuaresmal, dejémonos provocar de las palabras de papa Francisco! ¡Que en nuestra vida nunca falte el recogimiento y el silencio de la oración, para poder crecer en la fe, la esperanza y la caridad! ¡Buen camino cuaresmal para todos! Paz y Bien. Fray Matteo MARTINELLI, OFM Conv.

lunes, 1 de febrero de 2021

2 de febrero, fiesta de la Vida Consagrada

En ocasión de la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor que se celebra el 2 de febrero el cardenal João Braz, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, envió un saludo a todos los consagrados y consagradas del mundo. En esta ocasión deseamos compartir con ustedes una síntesis de sus palabras escrita en nombre de todo el Dicasterio para la Vida religiosa. Esta fiesta litúrgica es también una buena ocasión para rezar para todos los consagrados en el mundo entero y pedir al Señor don de vocaciones a la vida religiosa masculina y femenina.
A todos los consagrados y consagradas “Nos dirigimos con ustedes en vísperas de una jornada muy querida por todos nosotros, consagrados y consagradas, porque está dedicada a nuestra maravillosa vocación que, de diferentes maneras, hace resplandecer el amor de Dios por el hombre, la mujer y el universo entero” “Fidelidad probada a costa de la propia vida” “Con esta carta queremos aligerar la distancia física que la pandemia nos ha impuesto durante tantos meses y expresar a todos y cada uno de ustedes y a cada una de las comunidades nuestra cercanía y la de quienes trabajan en este Dicasterio. Desde hace meses seguimos las noticias que nos llegan de las comunidades de las distintas naciones: hablan de desconcierto, de contagios, de muertes, de dificultades humanas y económicas, de institutos menguantes, de temores... pero también hablan de fidelidad probada por el sufrimiento, de valentía, de testimonio sereno incluso en el dolor o la incertidumbre, de compartir cada aflicción y cada herida, de atención y cercanía a los últimos, de caridad y servicio a costa de la propia vida” Pasar del "yo" al "nosotros" También escriben que no pueden pronunciar todos sus nombres, pero sobre todos y cada uno de ellos piden la bendición del Señor para que sean capaces de pasar del "yo" al "nosotros", conscientes "de encontrarnos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos", tal como lo dijo el Papa Francisco durante el Momento extraordinario de oración del pasado 27 de marzo. Reavivar la aspiración mundial a la fraternidad Y piden que sean “los samaritanos de estos días, superando la tentación de retirarse y llorar sobre uno mismo, o de cerrar los ojos ante el dolor, el sufrimiento, la pobreza de tantos hombres y mujeres, de tantos pueblos”. Porque en la Encíclica Fratelli tutti el Papa Francisco nos invita a actuar juntos, a reavivar en todos "una aspiración mundial a la fraternidad", a soñar juntos para que "frente a las diversas formas actuales de eliminar o ignorar a los demás, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y amistad social...". La Encíclica en el centro de su vida, formación y misión A los consagrados y consagradas de los Institutos religiosos, monásticos y contemplativos, de los Institutos seculares y de los nuevos institutos, miembros del ordo virginum, ermitaños, miembros de las Sociedades de vida apostólica, les piden que pongan esta Encíclica en el centro de su vida, formación y misión. “Esta Encíclica, escrita en un momento histórico que el mismo Papa Francisco ha llamado "la hora de la verdad", es un precioso regalo para toda forma de vida consagrada que, sin ocultar las muchas heridas a la fraternidad, puede encontrar en ella las raíces de la profecía” Tras recordar el parágrafo en que el Papa escribe: "Soñemos como una sola humanidad, como caminantes hechos de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos alberga a todos, cada uno con la riqueza de su fe o sus convicciones, cada uno con su propia voz, ¡todos hermanos!, y añade: “Así, en el horizonte de este sueño que se entrega a nuestras manos, a nuestra pasión, a nuestra perseverancia, el próximo 2 de febrero será también este año una hermosa fiesta en la que alabar y agradecer al Señor el don de nuestra vocación y misión” Y concluyen con la invocación a María, nuestra Madre, Madre de la Iglesia, mujer fiel, y a San José, su esposo, para encomendar a todos y cada uno de los consagrados y consagradas con la esperanza de que “se fortalezca en ellos una fe viva y amorosa, una esperanza cierta y alegre, una caridad humilde y activa”. Termina con su bendición “Del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, nuestro Dios misericordioso, imploramos una bendición para todos y cada uno de ustedes”. Fuente: Vatican News Vaticano, 30-01-2021

sábado, 23 de enero de 2021

Testimonio de Fray Benjamín Castro

“En peregrinación al encuentro con Cristo” “No me eligieron ustedes, fui yo quién los elegí, ustedes son mis amigos, serán mis testigos, viran en mi”. (Cf. Juan 15:16) Queridos hermanos y hermanas, reciban un cordial saludo de paz y bien. Les escribo desde Itagüí, Colombia, donde en estos momentos estoy viviendo mi año canónico de noviciado, junto a otros tres hermanos de América Latina.
Comparto con ustedes la alegría de comenzar esta segunda etapa de formación, que me permitirá (si Dios quiere), profesar y vivir los consejos evangélicos que el Señor nos propone a todos, porque todo cristiano está llamado a la perfección de la caridad, a poner a Cristo en el centro de su existencia, a decirle: “mi Dios y mi todo”, como bien decía el hermano de Asís. La castidad, la pobreza y la obediencia no son “reglas” que nos impiden vivir la vida, al contrario, nos abren el camino al encuentro de lo que el Señor nos tiene preparado. Cada hermano que ha llegado a esta casa de formación, ha traído consigo un sueño que nos une como novicios: el encuentro consigo mismo y con Jesucristo. San Francisco –hombre hecho oración- deseo lo mismo en una instancia de su vida y, logró con la ayuda del Padre poder hacerse menor entre los grandes. San Francisco pidió al Señor y él lo escuchó. (Cf. Salmo 33) y le hizo descubrir un estilo de vida capaz de transformarlo para bien, el cual hoy es el ideal de este carisma y familia franciscana.
No puedo dejar de mencionar que en Colombia el ritmo de vida es muy diferente al de mi querido Chile, pero, del mismo modo, no puedo dejar de admirarme por la cultura que mis hermanos comparten a diario, es verdaderamente una riqueza que se nos invita a contemplar y aprender en este año. Sé que si bien para todos es difícil dejar su patria o su región, nos consuela, anima y reconforta la disponibilidad de cada uno de entregar lo mejor pensando siempre en el otro. En estos primeros días me he dado cuenta precisamente de esto, Colombia es un país muy acogedor. Estoy seguro que mis compañeros y yo, buscamos de corazón seguir las huellas de Jesús, pobre y crucificado, y aunque muchas veces fallemos y no abramos los ojos a la realidad, quedándonos cegados en nuestros pensamientos, trataremos de dar y hacer siempre y en todo lo mejor para ser buenos frailes dentro de esta fraternidad. Lo anterior, sin duda es más fácil con la ayuda de la oración, la cual les agradezco muchísimo. ¡No saben cuántas muestras de cariño he recibido en estos días!, cada una de ellas la transformo en una pequeña ofrenda que presento al Padre en cada Eucaristía.
Por el momento, solo les quiero comentar la alegría de encontrarme en este lugar, junto con los sentimientos encontrados por dejar Chile y cada uno de ustedes. De corazón, les pido puedan seguir apoyándome con sus oraciones, de forma especial por Fr. Augusto que se encuentra en Italia y por mis hermanos del noviciado Falc: Fr. Neyder y Fr. Alfredo de Colombia y Fr. Hector de Cuba. Que el Señor, Dios de la vida, les acompañe en este 2021 y que nos haga dóciles y fieles a su llamado, para que cumplamos siempre su santa y verdadera voluntad. Un fraternal abrazo a cada uno. Fr. Benjamín Castro H. Novicio OFMConv.

lunes, 18 de enero de 2021

Colombia: nuevo año del Noviciado común FALC

El 15 de enero de 2021 en el Convento San Maximiliano Kolbe de Itagüí – Antioquia, se celebró el rito de ingreso al nuevo año canónico del Noviciado común de 4 hermanos provenientes de diversas jurisdicciones de la FALC (Federación América Latina Conventuales).

Los cuatro nuevos novicios

El rito solemne de ingreso al Noviciado estuvo presidido por el Custodio de la Custodia provincial de San Francisco de Asís en Colombia Fray José Andrés CASTRO FARAH, acompañado de algunos frailes provenientes de la Delegación provincial en Chile, la Delegación provincial en Cuba y la Custodia de Colombia, de donde son originarios estos 4 hermanos que vivirán la experiencia del año de prueba en este 2021.

Fray Benjamín Castro Herrera,
Nuovo novicio de la Delegación Chilena.


Además, cabe mencionar que la Custodia provincial María Madre de misericordia en América Central también mandará dos hermanos más al Noviciado común, sólo que por motivos de fuerza mayor no pudieron estar presentes en esta celebración.

El Señor acompañe con su Espíritu a estos seis hermanos nuestros, para que, dejándose guiar por Él, puedan vivir un año de gracia que marcará para siempre sus vidas.


Fray Fabián Alberto MARTÍNEZ ARAQUE


Fuente: 

https://www.ofmconv.net/es/colombia-ingresso-al-noviziato-comune-falc/


jueves, 17 de diciembre de 2020

¡VEN, VEN SEÑOR NO TARDES!

 IV Domingo de Adviento, año – B.

Evangelio: Lucas 1, 26-38

 

Queridos hermanos hemos llegado al IV domingo de adviento y la Iglesia con la liturgia de la Palabra de este domingo nos propone mirar con atención a la Madre del Redentor, la Virgen María, uno de los cuatros personajes que nos acompañan en este tiempo de espera y de preparación al nacimiento de Jesús.

María nos acompaña y nos muestra a Jesús, la invitación es a poner la mirada en el misterio de la Encarnación. En el Evangelio de San Lucas, cuando el Señor anuncia el año de gracia, dice que “todos los hombres fijaron su mirada en Él” en medio de las grandes oscuridades del mundo y de nuestro tiempo complejo por la pandemia, también aparece su luz. “La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, en ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no pudieron apagarla”.

"¡He aquí la servidora del Señor!"


Sabemos que la historia de la salvación tiene en Cristo su punto culminante y su significado supremo. Él es el Alfa y el Omega, el principio y el fin. Todo fue creado por Él y para Él, y todo se mantiene en Él. Es el Señor de la historia y del tiempo. En Él, el Padre ha dicho la palabra definitiva sobre el hombre y la historia. Él es el mismo, ayer, hoy y siempre.

San Francisco, en la I admonición, hablando de la venida del Señor en el mundo nos recuerda que Jesús baja desde el cielo con humildad su presencia sencilla y pobre estará siempre con nosotros: “Ved que el Señor diariamente se humilla, como cuando desde el trono real vino al vientre de la Virgen; diariamente viene a nosotros él mismo apareciendo humilde; diariamente desciende del seno del Padre sobre el altar en las manos del sacerdote. Y como se mostró a los santos apóstoles en carne verdadera, así también ahora se nos muestra a nosotros en el pan sagrado. Y como ellos, con la mirada de su carne, sólo veían la carne de él, pero, contemplándolo con ojos espirituales, creían que él era Dios, así también nosotros, viendo el pan y el vino con los ojos corporales, veamos y creamos firmemente que es su santísimo cuerpo y sangre vivos y verdaderos. Y de este modo siempre está el Señor con sus fieles, como él mismo dice: Ved que yo estoy con vosotros hasta la consumación del siglo”.

Regresamos al testimonio que nos da María en este domingo y miramos cómo la fe se convierte para esta joven muchacha en la única medida para abrazar no sólo su propio misterio, sino el de su mismo hijo: un puro don que Dios le ha dado no para su gozo o su exaltación, sino para el bien de todos.

Las palabras con que la Virgen María da su asentimiento: “Hágase en mí según Su Palabra", nos revelan la consciente aceptación de su función ante el desafío de una realidad y de un conjunto de acontecimientos que están más allá de la medida de la inteligencia y de los pensamientos humanos. Y esta respuesta solo la pudo dar un corazón lleno de fe.

“He aquí la esclava del Señor”. Esta es una profunda confesión de humildad y obediencia, pero sobre todo de confianza total en la palabra de Dios que, precisamente porque no encontrar el más mínimo obstáculo o una sombra de vacilación en el corazón de María, se convertirá de manera absoluta en palabra creadora (“La Palabra se hizo carne”). Ella creía tanto en la Palabra de Dios, que se hizo carne en su seno virginal. “Si tuvieran fe como grano de mostaza”, nos dijo el Señor, “dirían a las montañas muévete y se moverían”. Qué clase de fe la de María Santísima que alcanzó ese inexplicable milagro: ¡una concepción virginal!

"Bienaventurados los que escuchan
la palabra de Dios y la cumpen"


María escucha plenamente, acoge y medita dentro de su corazón para dar fruto. Esta palabra, que requiere fe, disponibilidad, humildad, prontitud, es aceptada tal como se deben acoger las cosas de Dios. En María debemos reconocer las palabras de Jesús: “Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”. Por lo tanto, la maternidad de María no es solo ni principalmente un proceso biológico. Es ante todo el fruto de la adhesión amorosa y atenta a la palabra de Dios.

Cuando María dijo: "Hágase en mí según Su Palabra", dio su consentimiento no solo a recibir al Niño, sino un sí a todo lo que conllevaba el ser la Madre del Salvador. Este consentimiento de María pone de relieve la calidad excepcional de su acto de fe. Fe es, ante todo, conversión, o sea, entrar en el horizonte de Dios, en la mente de Dios, en los pensamientos de Dios y de sus obras.

Al final de esta meditación podemos preguntarnos: ¿soy capaz y tengo la valentía de entrar en el horizonte de Dios y contestar como María “He aquí la esclava del Señor”?. ¿Tengo la valentía de contestar sí Señor, también si me pidiera de entregarme totalmente a Él, en una opción de vida sacerdotal o en la vida religiosa franciscana?

 

Fray Tullio PASTORELLI, OFM Conv.

sábado, 12 de diciembre de 2020

“Testigo de la luz”

 III Domingo de Adviento - Año B.

Evangelio: Jn. 1,6-8.19-28

El tercer domingo de Adviento es el “domingo de Gaudete” que significa alegría, como nos dice la antífona de entrada “alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense, pues el Señor está cerca”.

 


La liturgia nos invita a alegrarnos porque ya está cerca el Señor, en medio de la “espera” ya está próxima la alegría de la Navidad. Este año necesitamos alegría, necesitamos que alguien nos diga una buena noticia.

Juan el Bautista era un hombre enviado por Dios, Juan era un testigo, un testimonio de la luz, para que todos pudieran creer por medio de el. Como dice el profeta Isaías “El me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor” (Is 61, 1-2) Nunca como esté año necesitamos que alguien nos done “una buena noticia” y también nosotros podamos ser anunciadores de “buena noticia”. Creo que en este tiempo de pandemia todo hemos experimentados la cercanía y el cariño de muchas personas.

¿Cuantos chilenos ayudaron a familiares, amigos o vecinos que lo necesitaban?

Vecinos que solo se saludaban, empezaron a ser mas solidares el uno con el otro. Muchos jóvenes y no solo que iban de compra por los adultos mayores de sus sectores, de manera que ellos podían cuidarse y no salir de la casa. Familiares que cuidaban los enfermos de Covid con cariños y todos lo que necesitaban.

Esa es la buena noticia del evangelio ser solidario el uno con el otro, ayudarnos a enfrentar esta pandemia y donar lo que podamos donar para ayudar a los mas necesitados.


Juan Bautista y Francisco de Asís anunciaron con sus palabras y con sus vidas la buena noticia del evangelio. El Bautista se definía “una voz que grita en el desierto: Allanen el camino al Señor” (Gv 1,23), Juan predicaba “un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados” (Mc 1,4). Juan no predicaba solo con sus palabras, sino también con su vida “llevaba un manto hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero en la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre” (Mc 1,6).

Francisco de Asís era evangelio viviente, el mas que con las palabras predicaba con sus vida, cuidando los leprosos y siempre atento a las necesites de sus hermanos y de la gente. Siempre ponía el bien de lo demás antes el suyo. También Francisco pasó por momentos duros y difíciles, pero supo como enfrentarlos y nunca le faltó la perfecta alegría, que no es una alegría vacía y superficial, sino una alegría verdadera que sabe pasar a través del sufrimiento y del duelo, una alegría que sabe enfrentar las pruebas de la vida siempre con esperanza y confianza. Francisco sabia enfrentar las adversidades de la vida, superarlas e incluso salir transformado por ella. Esa es la conversión que nos pide el evangelio: saber enfrentar las adversidades de la vida, superarla y salir transformado por ella.

 

 

Fray Matteo MARTINELLI

I° Domingo de Cuaresma: ¡Ha llegado el momento¡

Evangelio Según San Marcos 1, 12 - 15.           El miércoles pasado, con la imposición de la ceniza, comenzó la Cuaresma y, en el primer do...