lunes, 1 de febrero de 2021

2 de febrero, fiesta de la Vida Consagrada

En ocasión de la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor que se celebra el 2 de febrero el cardenal João Braz, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, envió un saludo a todos los consagrados y consagradas del mundo. En esta ocasión deseamos compartir con ustedes una síntesis de sus palabras escrita en nombre de todo el Dicasterio para la Vida religiosa. Esta fiesta litúrgica es también una buena ocasión para rezar para todos los consagrados en el mundo entero y pedir al Señor don de vocaciones a la vida religiosa masculina y femenina.
A todos los consagrados y consagradas “Nos dirigimos con ustedes en vísperas de una jornada muy querida por todos nosotros, consagrados y consagradas, porque está dedicada a nuestra maravillosa vocación que, de diferentes maneras, hace resplandecer el amor de Dios por el hombre, la mujer y el universo entero” “Fidelidad probada a costa de la propia vida” “Con esta carta queremos aligerar la distancia física que la pandemia nos ha impuesto durante tantos meses y expresar a todos y cada uno de ustedes y a cada una de las comunidades nuestra cercanía y la de quienes trabajan en este Dicasterio. Desde hace meses seguimos las noticias que nos llegan de las comunidades de las distintas naciones: hablan de desconcierto, de contagios, de muertes, de dificultades humanas y económicas, de institutos menguantes, de temores... pero también hablan de fidelidad probada por el sufrimiento, de valentía, de testimonio sereno incluso en el dolor o la incertidumbre, de compartir cada aflicción y cada herida, de atención y cercanía a los últimos, de caridad y servicio a costa de la propia vida” Pasar del "yo" al "nosotros" También escriben que no pueden pronunciar todos sus nombres, pero sobre todos y cada uno de ellos piden la bendición del Señor para que sean capaces de pasar del "yo" al "nosotros", conscientes "de encontrarnos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos", tal como lo dijo el Papa Francisco durante el Momento extraordinario de oración del pasado 27 de marzo. Reavivar la aspiración mundial a la fraternidad Y piden que sean “los samaritanos de estos días, superando la tentación de retirarse y llorar sobre uno mismo, o de cerrar los ojos ante el dolor, el sufrimiento, la pobreza de tantos hombres y mujeres, de tantos pueblos”. Porque en la Encíclica Fratelli tutti el Papa Francisco nos invita a actuar juntos, a reavivar en todos "una aspiración mundial a la fraternidad", a soñar juntos para que "frente a las diversas formas actuales de eliminar o ignorar a los demás, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y amistad social...". La Encíclica en el centro de su vida, formación y misión A los consagrados y consagradas de los Institutos religiosos, monásticos y contemplativos, de los Institutos seculares y de los nuevos institutos, miembros del ordo virginum, ermitaños, miembros de las Sociedades de vida apostólica, les piden que pongan esta Encíclica en el centro de su vida, formación y misión. “Esta Encíclica, escrita en un momento histórico que el mismo Papa Francisco ha llamado "la hora de la verdad", es un precioso regalo para toda forma de vida consagrada que, sin ocultar las muchas heridas a la fraternidad, puede encontrar en ella las raíces de la profecía” Tras recordar el parágrafo en que el Papa escribe: "Soñemos como una sola humanidad, como caminantes hechos de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos alberga a todos, cada uno con la riqueza de su fe o sus convicciones, cada uno con su propia voz, ¡todos hermanos!, y añade: “Así, en el horizonte de este sueño que se entrega a nuestras manos, a nuestra pasión, a nuestra perseverancia, el próximo 2 de febrero será también este año una hermosa fiesta en la que alabar y agradecer al Señor el don de nuestra vocación y misión” Y concluyen con la invocación a María, nuestra Madre, Madre de la Iglesia, mujer fiel, y a San José, su esposo, para encomendar a todos y cada uno de los consagrados y consagradas con la esperanza de que “se fortalezca en ellos una fe viva y amorosa, una esperanza cierta y alegre, una caridad humilde y activa”. Termina con su bendición “Del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, nuestro Dios misericordioso, imploramos una bendición para todos y cada uno de ustedes”. Fuente: Vatican News Vaticano, 30-01-2021

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