sábado, 12 de diciembre de 2020

“Testigo de la luz”

 III Domingo de Adviento - Año B.

Evangelio: Jn. 1,6-8.19-28

El tercer domingo de Adviento es el “domingo de Gaudete” que significa alegría, como nos dice la antífona de entrada “alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense, pues el Señor está cerca”.

 


La liturgia nos invita a alegrarnos porque ya está cerca el Señor, en medio de la “espera” ya está próxima la alegría de la Navidad. Este año necesitamos alegría, necesitamos que alguien nos diga una buena noticia.

Juan el Bautista era un hombre enviado por Dios, Juan era un testigo, un testimonio de la luz, para que todos pudieran creer por medio de el. Como dice el profeta Isaías “El me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor” (Is 61, 1-2) Nunca como esté año necesitamos que alguien nos done “una buena noticia” y también nosotros podamos ser anunciadores de “buena noticia”. Creo que en este tiempo de pandemia todo hemos experimentados la cercanía y el cariño de muchas personas.

¿Cuantos chilenos ayudaron a familiares, amigos o vecinos que lo necesitaban?

Vecinos que solo se saludaban, empezaron a ser mas solidares el uno con el otro. Muchos jóvenes y no solo que iban de compra por los adultos mayores de sus sectores, de manera que ellos podían cuidarse y no salir de la casa. Familiares que cuidaban los enfermos de Covid con cariños y todos lo que necesitaban.

Esa es la buena noticia del evangelio ser solidario el uno con el otro, ayudarnos a enfrentar esta pandemia y donar lo que podamos donar para ayudar a los mas necesitados.


Juan Bautista y Francisco de Asís anunciaron con sus palabras y con sus vidas la buena noticia del evangelio. El Bautista se definía “una voz que grita en el desierto: Allanen el camino al Señor” (Gv 1,23), Juan predicaba “un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados” (Mc 1,4). Juan no predicaba solo con sus palabras, sino también con su vida “llevaba un manto hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero en la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre” (Mc 1,6).

Francisco de Asís era evangelio viviente, el mas que con las palabras predicaba con sus vida, cuidando los leprosos y siempre atento a las necesites de sus hermanos y de la gente. Siempre ponía el bien de lo demás antes el suyo. También Francisco pasó por momentos duros y difíciles, pero supo como enfrentarlos y nunca le faltó la perfecta alegría, que no es una alegría vacía y superficial, sino una alegría verdadera que sabe pasar a través del sufrimiento y del duelo, una alegría que sabe enfrentar las pruebas de la vida siempre con esperanza y confianza. Francisco sabia enfrentar las adversidades de la vida, superarlas e incluso salir transformado por ella. Esa es la conversión que nos pide el evangelio: saber enfrentar las adversidades de la vida, superarla y salir transformado por ella.

 

 

Fray Matteo MARTINELLI

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