sábado, 17 de octubre de 2020

LLAMADOS A DEVOLVERLO TODO

Domingo XXIX – T.O.  año – A.

Evangelio : Mateo 22, 15-21

La Palabra de Dios de este domingo nos presenta a Jesús rompiendo una vez más los dualismos que nos construimos para facilitar nuestra existencia. En otras circunstancias nos ha hecho entender que no podemos amar a los buenos y odiar a los malos, o que no serán premiados los que se han portado bien y castigados los que se han equivocado, o que no se consideran bienaventurados a los poderosos y últimos a los que sirven. Ahora nos dice que no son excusados de los deberes de la vida terrenal aquellos que se dedican a su vida espiritual, sino que ambas experiencias son las caras de una misma moneda (como la que los tramposos fariseos y herodianos tienen que entregar al César).

Monedas chilenas


¿Por qué no nos dice Jesús que nos dediquemos únicamente a nuestro camino espiritual? Podemos encontrar muchas razones a lo largo del Evangelio, así que en estas pocas líneas me quedo con dos que considero relevantes.

La primera: Jesús no vino para salvarse a sí mismo, más bien para salvar a todos. Si llega a cumplir la voluntad del Padre es precisamente porque no se preocupa por su propia vida ni cuando los soldados lo increpan exhortándole: “¡Sálvate a ti mismo!”. Es verdad que cada cual tiene que cuidar su propio camino, pero Dios no nos ha puesto a cada uno en una isla diferente. San Francisco dice en su Testamento que nadie le indicaba el camino a recorrer, hasta que Dios le dio hermanos, y juntos comenzaron a vivir el Evangelio. Así que en su Regla pide a los Franciscanos que “cada uno ame y cuide la vida del hermano”, para llegar a “salvarse juntos”.

La segunda: todo lo que somos y tenemos viene de Dios, quien ha hecho nuestro mundo también. No podemos despreciar lo que Dios ha hecho, sino amarlo. Por cierto, lo que nos rodea no nos pertenece, y tampoco somos dueños de la Creación, sólo cuidadores. Pero esto no nos autoriza a despreocuparnos de nuestra tierra y de nuestra vida en ella, ni de desechar o restarle importancia a lo que Dios ha creado. San Francisco insiste mucho en el concepto de “devolver a Dios”, de “restituirle lo que le pertenece”. Si el César se puede conformar con una moneda, lo que hay que devolver a Dios es mucho más: es tiempo y vida, es amor y perdón, es liberación y salvación, es justicia y paz… en pocas palabras es todo lo que Él nos ha dado y lo que Jesús nos ha testimoniado a lo largo de su vida. Podemos definir hoy la vocación como el descubrimiento de la mejor manera de devolver a Dios y al mundo todo lo que Él nos ha entregado.

 

¡Paz y bien!

Fray Christian BORGHESI.

viernes, 2 de octubre de 2020

DECIR HERMANOS MENORES.

4 de octubre,

Solemnidad de San Francisco de Asís.

Evangelio según San Mateo 11,25-30.

 

 

La estatua de San Francisco de Asís
en la iglesia de San Francisco - Copiapó.


  LOS PEQUEÑOS SON LA ALEGRÍA DE JESÚS

El 4 de octubre se celebra la solemnidad de nuestro Padre San Francisco, fundador de nuestra Orden. La liturgia nos presenta el evangelio según San Mateo 11,25-30. El texto se nos presenta a Jesús que exalta de gozo porque Dios Padre reveló su misterio en Él como su Hijo a los pequeños. “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido” (25-26).

Al experimentar la acogida de los pequeños, Jesús manifiesta su alegría espontánea, alabando a Dios - Padre en una pequeña oración. Al mismo tiempo, el rechazo de los sabios y prudentes revela con claridad que la fe en Jesús como Hijo de Dios es un don.  No es fruto de nuestro esfuerzo, del humano. Para acoger este don hay que saber vaciarse y hacerse pequeños, hacerse menores. Porque solo los pequeños saben reconocer a Jesús como Hijo de Dios. Para conocer a Dios Padre, debemos conocer a Jesús. “Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (27). Se trata del encuentro personal con Jesús.

 

Hermanos (frailes) Menores Conventuales 

LLÁMENSE HERMANOS MENORES.

Hacerse pequeños o hacerse menores es una llamada, es una vocación. “Todos sin excepción llámense hermanos menores”, expresó San Francisco a sus seguidores en la Regla no Bulada, VI. Como Jesús ha experimentado que la pequeñez es el lugar del encuentro personal con Dios, en San Francisco ese lugar se llama la minoridad.  La minoridad para San Francisco y los franciscanos es el lugar del encuentro personal con Dios, con uno mismo, con los demás hombres y mujeres y también el lugar del encuentro personal con toda la creación. Los que se creen poseedores de la sabiduría y de la ciencia en cambio  tendrán dificultad a penetrarse en el misterio de Dios.

            Comentó el “Señor papa” Francisco en su discurso durante la audiencia personal con los miembros de la Familia Franciscana de la Primera Orden y de la Tercera Orden Regular, el 23 de noviembre de 2017, que en nuestra forma de vida, el adjetivo “MENOR” califica al sustantivo “HERMANO”, dando al vínculo de la FRATERNIDAD una cualidad propia y característica: no es lo mismo decir “HERMANO” que decir “HERMANO MENOR”. Por lo tanto, al hablar de fraternidad hay que tener en cuenta esta típica característica franciscana de la relación fraterna que nos exige una relación de “HERMANOS MENORES”.

 

Misión OFM Conventual en Ghana - África

VENGAN A MÍ.

“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (28) es la invitación de Jesús para nosotros hoy en día. Nosotros y el mundo entero que estamos afligidos y agobiados causado por la pandemia de Covid-19 nos invita a que nos acerquemos a Él para que nos de alivio y el descanso. Como San Francisco de Asís que supo despojarse de todo hasta quedarse desnudo frente a todos para elegir la vida menor y seguir a Jesús pobre, para nosotros “vengan a mí” es la invitación a hacernos menores también nosotros, pequeños, como un niño humilde y confiada y, como la del publicano del Evangelio, consciente de sus pecados y errores; dejando al lado el orgullo farisaico (los sabios) y orgullo espiritual (los prudentes) y saber vivir con lo necesario y convivir con nuestros límites y pequeñez para dejar lugar al misterio de Dios que nos promete la vida eterna en su reino de paz; teniendo a Jesús como modelo y Maestro.

 

¡Feliz fiesta de San Francisco de Asís para todos!

¡Paz y bien!


Fray Jack GINTING OFM Conv.

Jubileo 25 años de la Delegación de Chile

       Del 16 al 19 de noviembre de 2020, los hermanos de la Delegación junto con los dos formandos actuales, se reunieron en Santiago para ...