martes, 16 de octubre de 2018

Fiesta de las VOCACIONES


El origen de cada vocación está en el Señor que elige y que invita a seguirle personalmente, a diferentes estados de vida, aunque lo hace de diferentes modos, lo que podemos tener claro es que quien llama es Dios.

Vocación: Saber Despojarse
“Al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica».” (1C 22)

Vocación se necesita la Oración
San Francisco al escuchar este evangelio, donde se les envía a los apóstoles de misión, descubre que se siente llamado a vivir de este modo, según ese estilo la vida evangélica, es aquí donde termina su proceso de búsqueda vocacional.

La búsqueda vocacional está inscrita en todos nosotros, los cuales, vamos buscando que es lo que quiere Dios de nuestras vidas -dicho de otro modo- en qué estado de vida Dios me llama a ser plenamente feliz. La respuesta que encontró San Francisco es Vivir el Evangelio que es lo central de la vocación franciscana.

“La regla de vida está, a saber, guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (1R 1)

Jesús en su evangelio nos invita a rogar al dueño de la mies para que envíe trabajadores a su abundante cosecha, es por esto que cada año en las vísperas de la celebración de nuestro seráfico padre San Francisco, las comunidades de Copiapó, Santiago y Curicó, se unen en la oración, para que el Buen Dios, siga mandando operadores a su mies.  Esta jornada de oración, marcada por la alegría, tuvo lugar el día 30 de septiembre y en donde nuestro postulante Eduardo Barrera Díaz dio testimonio de su búsqueda vocacional (Curicó), una gran fiesta de las vocaciones (Santiago), y un concierto acompañado por Fernando Leiva (Copiapó).

Fernando Leiva

         Por lo tanto, nuestro Señor Jesús te invita: “¡Ven y sígueme!”



         Eduardo Barrera Díaz

jueves, 4 de octubre de 2018

Señor, ¿qué quieres que haga?

En la búsqueda de la voluntad de Dios (1)

A veces, necesitamos a alguien
que non indica donde está el norte.

Luego de emprender el viaje y de haber llegado a Espoleto para continuar hasta la Pulla, Francisco se sintió enfermo. Empeñado, con todo, en llegar hasta la Pulla, se echó a descansar, y, semidormido, oyó a alguien que le preguntaba a dónde se proponía caminar. Y como Francisco le detallara todo lo que intentaba, aquél añadió: «¿Quién te puede ayudar más, el señor o el siervo?» Y como respondiera que el señor, de nuevo le dijo: «¿Por qué, pues, dejas al señor por el siervo, y al príncipe por el criado?» Y Francisco contestó: «Señor, ¿qué quieres que haga?» (Tres Compañeros 6).

¿Señor, que quieres que haga?
No es cosa fácil ni sencilla saber qué quiere Dios de nosotros o qué quiere que hagamos, y ni siquiera lo fue para Francisco de Asís. No consta que él tuviese hilo directo con el Espíritu Santo a través del cual le fuese revelado lo que tenía que hacer. Tampoco Francisco supo de buenas a primeras cuál era su vocación y, mucho menos, la misión a que Dios lo destinaba. Todo esto lo fue descubriendo gradualmente, con fases alternas frecuentemente dolorosas y nunca definitivas. Por lo demás, forma parte de la naturaleza del hombre no saber al punto lo que Dios quiere de él, porque con frecuencia el hombre lo busca todo menos a Dios, y los pensamientos humanos son muy otros que los de Dios.

El descubrimiento de la propia vocación por parte de Francisco fue fruto de un proceso de larga y difícil maduración. Francisco vivió siempre en el filo de la incertidumbre, lo que demuestra cuán libre es el hombre en su respuesta al Dios que lo interpela. Y Dios acepta de buen grado que el hombre repiense sus decisiones y las revise.

¡Ánimo y respondele!
¿Qué camino no hizo Francisco hasta llegar a pasar de la aplicación material de las palabras que le dirigió el crucifijo de San Damián: «Vete y repara mi iglesia», al descubrimiento de una verdadera misión profética? San Buenaventura, reflexionando sobre este «parto difícil», sobre este movimiento dinámico que se desarrolla como un «éxodo de la carne al espíritu», como un paso de las cosas exteriores a su significado interior y profundo, afirma: «Ignoraba todavía Francisco los designios de Dios sobre su persona..., no estaba familiarizado su espíritu en descubrir el secreto de los misterios divinos e ignoraba el modo de remontarse de las apariencias visibles a la contemplación de las realidades invisibles» (Leyenda Mayor 1,2-3).

Jubileo 25 años de la Delegación de Chile

       Del 16 al 19 de noviembre de 2020, los hermanos de la Delegación junto con los dos formandos actuales, se reunieron en Santiago para ...