lunes, 17 de junio de 2019

Encuentro de Los Hermanos Capitulares con el Papa Francisco

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS PARTICIPANTES DEL 202° CAPÍTULO GENERAL ORDINARIO DE LOS FRAILES MENORES CONVENTUALES Sala Clementina Lunes, 17 de junio de 2019

Papa Francisco con los frailes capitulares

¡Queridos hermanos! Mi más cordial bienvenida a vosotros, miembros del Capítulo General de vuestra Orden. Recientemente, la Santa Sede ha aprobado vuestras Constituciones renovadas en el Capítulo General Extraordinario del verano pasado. Para acoger tal revisión, ahora habéis discutido y aprobado los nuevos Estatutos generales, los cuales tocan elementos esenciales de vuestra vida fraterna y misionera, como la formación, la interculturalidad, el intercambio y la transparencia en la administración económica. Este trabajo es pesado y fatigoso, ¡pero se trata de un cansancio bien invertido! De hecho, las Constituciones son el instrumento necesario para custodiar el patrimonio carismático de un Instituto y así asegurar su transmisión futura. Estas, de hecho, expresan el modo concreto del seguimiento de Cristo propuesto por el Evangelio, regla absoluta de vida para todos los consagrados y, particularmente, para los seguidores de San Francisco de Asís, quienes en su profesión se comprometen a “vivir según la forma del santo Evangelio” (cfr. S. Francisco, Testamento, 14).
Papa Francisco
Me impresiona mucho aquel consejo de Francisco a los hermanos: “Predicad el Evangelio, incluso con las palabras si fuera necesario”: es un modo de vivir. Si cada vida consagrada «nace de la escucha de la Palabra de Dios y de la acogida del Evangelio como norma de vida» (Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios, Propositio 24), la vida franciscana en todas sus expresiones nace de la escucha del santo Evangelio, como nos enseña el Pobrecillo en la Porciúncula cuando, después de haber escuchado el pasaje del seguimiento, exclama: «¡Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica!» (Tomás de Celano, Vida Primera, IX, 22). El Evangelio es para ustedes, queridos hermanos, «regla y vida» (S. Francisco, Regla bulada, I, 1), y vuestra misión no es otra que la de ser Evangelio viviente, «exégesis viva de la Palabra», decía Benedicto XVI (Exhort. ap. postsin. Verbum Domini, 83). 

Los Frailes antes de la udiencia
El Evangelio debe ser vuestro vademecum. Escuchadlo siempre atentamente; rezad con él; y, siguiendo el ejemplo de María, “Virgen hecha Iglesia” (cfr. S. Francisco, Saludo a la B.V. María, 1), meditadlo asiduamente, de tal manera que, asimilándolo, conforméis vuestra vida a la vida de Cristo. Este camino de seguimiento se caracteriza, sobre todo, por la fraternidad, que Francisco experimentaba como un don: «El Señor me dio hermanos» (Testamento, 14). La fraternidad es un don que debe ser abrazado con gratitud. Es una realidad siempre “en camino”, en construcción y que, por lo tanto, pide la contribución de todos, sin que nadie se excluya o sea excluido; en este camino no hay “consumadores” sino constructores (cfr. Constit. gen. OFMConv, 55, 5). 

Durante la Santa Misa con el Cardenal Angelo Comastri
Una realidad en la cual puedan ser vividos caminos de aprendizaje continuo, de apertura al otro, de intercambio recíproco; una realidad acogedora, disponible y dispuesta a acompañar; una realidad en la que es posible hacer una pausa en medio de la vida cotidiana, para cultivar el silencio y la mirada contemplativa y así reconocer en ella la huella de Dios; una realidad en la que todos os consideréis hermanos, tanto los ministros como los otros miembros de la fraternidad; una experiencia en la cual cada uno es llamado a amar y a nutrir a su hermano, como una madre ama y nutre a su hijo (cfr. S. Francisco, Regla no bulada, IX, 11). 
Ministro General Fray Carlos Trovarelli
y Papa Francisco
Os exhorto a que alimentéis vuestra fraternidad con el espíritu de la santa oración y devoción «al cual las demás cosas temporales deben servir» (Id., Regla bulada, V, 2). De tal manera, vuestra vida fraterna en comunidad se convierte en una forma de profecía en la Iglesia y en el mundo; y se convierte en escuela de comunión, constantemente ejercida, siguiendo el ejemplo de Francisco, en una relación de amor y de obediencia con los Pastores. Otra característica de vuestra forma de vida es la minoridad. Esto me gusta mucho: pensar en vuestra minoridad. Esta es una elección difícil, pues se opone a la lógica del mundo, la cual busca el éxito a cualquier precio, desea ocupar los primeros lugares, ser considerados como señores. Francisco os pide ser menores, siguiendo el ejemplo de Jesús, que no vino al mundo para ser servido sino para servir (cfr. Mt 20,27-28) y que nos dice: «el que quiera ser grande, que se haga vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos» (Mc 10,43-44). Vuestra única ambición debe ser esta: hacerse siervos, serviros unos a otros. Así vivida, vuestra existencia será profecía en este mundo donde la ambición del poder es una grande tentación.

Atentos en el escuchar la palabra de Papa Francisco
Predicad la paz. El saludo franciscano que os distingue es “¡Paz y Bien!”, “Shalom we tob”, en hebreo, que bien podemos traducir con reconciliación: reconciliación consigo mismo, con Dios, con los demás y con las creaturas, es decir, vivir en armonía: una paz que te lleva a la armonía. Es una reconciliación a círculos concéntricos, que parte del corazón y se extiende al universo – pero que en realidad parte del corazón de Dios, del corazón de Cristo. La reconciliación es preludio de la paz que Jesús nos ha dejado (cfr. Jn 14,27). Una paz que no es ausencia de problemas, sino que se hace presente con la presencia de Dios en nosotros mismos y que se manifiesta en todo lo que somos, hacemos y decimos. Sed mensajeros de paz, antes que nada, con la vida y después con las palabras. Sed, en cada momento, instrumentos de perdón y de misericordia.

Frailes capitulares
Vuestras comunidades sean lugares en los que se experimente la misericordia, como os lo pide San Francisco en la Carta a un Ministro: «Y en esto quiero conocer si tú amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo, si hicieras esto, a saber, que no haya hermano alguno en el mundo que haya pecado todo cuanto haya podido pecar, que, después que haya visto tus ojos, no se marche jamás sin tu misericordia, si pide misericordia. Y si él no pidiera misericordia, que tú le preguntes si quiere misericordia. Y si mil veces pecara después delante de tus ojos, ámalo más que a mí para esto, para que lo atraigas al Señor; y ten siempre misericordia de tales hermanos» (9-11). No hay paz sin reconciliación, sin perdón, sin misericordia. Sólo quien tiene un corazón reconciliado puede ser “ministro” de la misericordia, constructor de paz. Para todo esto es necesaria una formación adecuada.
Un camino formativo que favorezca en los hermanos la conformación a Cristo siempre más plena. Una formación integral, que involucre todas las dimensiones de la persona. Una formación personalizada y permanente, itinerario que dura toda la vida. Una formación del corazón, que cambie nuestro modo de pensar, de sentir y de comportarnos. Una formación a la fidelidad, conscientes de que hoy vivimos en medio de la cultura de lo provisional, de que el “por siempre” es muy difícil y de que las decisiones definitivas no están de moda.
Fray Carlos Trovarelli y Papa Francisco
En este contexto se necesitan formadores sólidos y expertos en la escucha y en los caminos que conducen a Dios, capaces de acompañar a otros en este recorrido (cfr. S. Juan Pablo II, Exhort. ap. Vida consagrada, 65-66); formadores que conozcan el arte del discernimiento y del acompañamiento. Sólo así podremos contener, al menos en parte, la hemorragia de los abandonos que golpea la vida sacerdotal y consagrada. 
Queridos hermanos, os imparto de corazón la Bendición apostólica, a vosotros y a todas las comunidades de vuestra Orden. Rezo por vosotros. Y me consuela también que el Ministro general haya dicho que vosotros rezaréis por mí. ¡Gracias! 

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