viernes, 28 de febrero de 2020

CUARESMA, TIEMPO DE CONVERSIÓN Y VOCACIÓN


Estamos empezando este tiempo particular de la Iglesia, el tiempo de cuaresma en preparación de la celebración de pascua de resurrección de Jesús de la muerte. La cuaresma que dura cuarenta días, tiene un doble sentido: penitencial y bautismal. Y la liturgia nos invita a tres prácticas religiosas importante: la oración, la limosna y el ayuno.

Los hermanos en oración.
El papa Francisco en su mensaje por la cuaresma de este año nos presenta la oración como un dialogo indispensable con Dios y nos dice concretamente: Es saludable contemplar más a fondo el Misterio pascual, por el que hemos recibido la misericordia de Dios. La experiencia de la misericordia, efectivamente, es posible sólo en un «cara a cara» con el Señor crucificado y resucitado «que me amó y se entregó por mí» (Ga 2,20). Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal. Más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene. De hecho, el cristiano reza con la conciencia de ser amado sin merecerlo. La oración puede asumir formas distintas, pero lo que verdaderamente cuenta a los ojos de Dios es que penetre dentro de nosotros, hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón, para convertirlo cada vez más al Señor y a su voluntad.
Así pues, en este tiempo favorable, dejémonos guiar como Israel en el desierto (cf. Os 2,16), a fin de poder escuchar finalmente la voz de nuestro Esposo, para que resuene en nosotros con mayor profundidad y disponibilidad. Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotros. No dejemos pasar en vano este tiempo de gracia, con la ilusión presuntuosa de que somos nosotros los que decidimos el tiempo y el modo de nuestra conversión a Él.

Presentamos también la limosna que desde siempre ha sido considerada como una virtud cristiana, porque la limosna es un acto de amor, de caridad, de desprendimiento, de entrega, es decir, de amor a Dios y al prójimo necesitado de ayuda. En este sentido, la limosna es un acto de misericordia, por amor a Dios es compadecernos de la miseria del prójimo y tratar de remediarla. Resulta claro que la limosna o la caridad es un acto de amor y es también mucho más, es un estilo de vida entregado generoso que no piensa en sí mismo sino busca el bien del otro y que llega hasta dar la vida para el hermano. En este tiempo de cuaresma no tenemos miedo a entregarnos completamente al Señor. Atrevámonos con nuestra vida a tomar decisiones importantes y radicales para ser felices y seguir al Señor donde él quiere que vayamos.

Practicar la justicia significa
dar ración a cada persona para vivir bien.
Finalmente reflexionamos sobre el ayuno y vemos concretamente cual es el ayuno que agrada a Dios con el profeta Isaías. Este es el ayuno que yo amo -oráculo del Señor-: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocupes de tu propia carne. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: “¡Aquí estoy!”. Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía (Is 58,6-10). En este texto de Isaías vemos con más claridad cuál es el ayuno que agrada a Dios. Dejar de comer por dejar de comer no tiene ningún poder o efecto espiritual sobre nosotros. Con estas palabras de Isaías vemos que el ayuno debe ir acompañado por actos de justicia (romper las cadenas de la injusticia, poner en libertad a los oprimidos). También debe resultar en acciones que muestren cuidado y amor por los demás (compartir tu pan con el hambriento, dar refugio a los pobres sin techo). Lo que obtendrían al obedecer y ayunar con la actitud correcta sería la sanidad que Dios les daría. La gloria del Señor estaría con ellos, gozarían de su cuidado, de salud, y tendrían muchas bendiciones. 

Siempre necesitamos el faro para
navegar mar adentro de nuestra vida
 
Entonces en este tiempo  de preparación a la Pascua ¿Quieres acercarte más a Dios? ¿Deseas recibir dirección para alguna decisión? ¿Estás pasando por un tiempo nuevo en tu vida? Puede que la cuaresma sea un buen momento. Pregunta a Dios en la oración cuál es su deseo para ti. Verifica con tu padre espiritual cuál es la mejor forma para realizar la voluntad de Dios. No olvides nunca que el Padre anhela que nos acerquemos a él y nunca rechaza a los que les buscan.
 ¡Buen camino de cuaresma para todos!

sábado, 1 de febrero de 2020

Fiesta de la Vida Consagrada


Jóvenes franciscanos conventuales
El 2 de febrero, fiesta de la presentación del Señor,  celebraremos la Fiesta de la Vida Consagrada: la fiesta de todos los religiosos, frailes, monjas, monjes y monjas, de muchos hombres y mujeres que han entregado totalmente sus vidas al Señor Jesús y servicios de su evangelio. Hoy más que nunca, vocaciones fascinantes, alternativas, provocativas y casi "provocadoras" hacia un mundo que al menos aparentemente se está yendo por otro camino. 
¡Preparémonos para entrar en la alegría de esta celebración!

San Francisco nos ayuda a descubrir su significado y núcleo central:

De la vida de San Francisco (Vita Prima di Tommaso da Celano IX, 22 - FF356)
San Francisco y la regla
de vida
“Pero cierto día se leía en esta iglesia el evangelio que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar; presente allí el santo de Dios, no comprendió perfectamente las palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia (Mt 10,7-10; Mc 6, 8-9); Lc 9, 1-6), al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica»”.

¡Que nuestra vocación sea siempre una respuesta de amor al Gran Amor que nos llamó!

Fray Alberto TORTELLI OFM Conv.

Jubileo 25 años de la Delegación de Chile

       Del 16 al 19 de noviembre de 2020, los hermanos de la Delegación junto con los dos formandos actuales, se reunieron en Santiago para ...